Editorial Ukamau: “La unidad: ¿con quién y para qué?” – Lunes 21 de Diciembre

La derecha comienza a sacar cuantas alegres al observar que la Oposición se presentará en un número excesivo de listas a la elección de las y los miembros de la Convención Constitucional. Como es sabido, más de tres listas competitivas genera una notable dispersión y reducción del rendimiento del “voto por el cambio”.

Para enfrentar esto, la ex Concertación, desde un auto asignado lugar de “superioridad”, hace llamados públicos a una unidad en la cual el resto debe quedar subordinado a ella. Se enfatiza aquí en la posibilidad de los cambios, al tener la mayoría, pero sin realizar evaluaciones críticas de los “30 años” de neoliberalismo en democracia, que otorguen una mínima credibilidad a estos llamados a la unidad por los supuestos cambios.

Las fuerzas sociales y políticas -anti-neoliberales- articuladas en torno al PC y el FA, debemos entender el problema de la unidad política en relación directa a los intereses del pueblo que se manifestó en las calles y urnas en octubre de 2019 y 2020. La unidad debe permitir ganar elecciones, es decir, institucionalizar a dichas fuerzas democráticas y populares, pero estos triunfos no son fines en sí mismo, sino el medio para realizar cambios profundos en la distribución del poder políticos y económico en el país.

La batalla de abril de 2021 debe tener por objetivo integrar a la Convención la suficiente fuerza política como para destituir el carácter anti democrático-popular de la Constitución vigente, esto es, terminar con los cerrojos autoritarios de la carta magna de 1980, y constituir elementos mínimos o básicos, pero fundamentales en la nueva Constitución de la República, a saber, establecer como DERECHOS FUNDAMENTALES QUE EL ESTADO SOCIAL (ya no subsidiario) DEBE GARANTIZAR: EL TRABAJO, LA SALUD, EDUCACIÓN, VIVIENDA-CIUDAD, EL AGUA…

Simultáneamente, se deberá emprender la batalla de noviembre de 2021 cuyo objetivo deberá ser integrar en el nuevo Congreso Nacional y Gobierno la suficiente fuerza política como para consolidar el señalado proceso destituyente y constituyente en favor de la democracia y el pueblo.

Ambas batallas electorales estarán unidas (en el tiempo de la política) por las luchas del pueblo para enfrentar los negativos efectos de la crisis económico-social que tenderán a profundizarse, luego del agotamiento de las respuestas “neoliberales” a la crisis. Vale decir, las campañas políticas deberán coordinarse o articularse a la lucha social-reivindicativa para inaugurar respuestas “sociales” a los problemas de la “gente” y conseguir la fuerza necesaria para empujar los cambios políticos que la república necesita. Dicho en una frase, 2021 estará marcado por la necesaria articulación de la calle y la urna con el fin de expresar fuerza suficiente para democratizar las instituciones económicas y políticas.

En este proceso de cambio, la izquierda también debe cambiar. Los métodos artesanales, la militancia sin disciplina, las zonas de confort… deben ser superadas por una profesionalización que permita construir alternativa y conducción política.

El enorme vacío de poder que está generando la administración Piñera podría ser llenado por un “salvador” de extrema derecha o un “rostro bien maquillado” de la ex Concertación, si no asumimos la responsabilidad histórica de construir, de manera profesional, una alternativa política desde el pueblo de octubre, el de la calle y la urna. En este sentido, la unidad con y desde el pueblo debe ser entendida como un medio para democratizar el poder y no como un fin para llegar al poder.

Editorial Ukamau
Semana Lunes 21 a Domingo 27 de Diciembre

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