Editorial Ukamau: “Pandemia y desigualdad: ¿Volver al callejón sin salida neoliberal o hacernos pueblo en la realidad?” – Lunes 18 de Enero

Los casos de contagio de COVID 19 detectados han vuelto a aumentar exponencialmente, sobrepasando los 4.000 por día a nivel nacional, esto obligará a reimponer restricciones en la movilidad de las personas y en la reapertura de ciertas actividades económicas, como el comercio y el turismo, en momentos en que urgía, por “salud mental y económica”, -a personas y empresas- salir del confinamiento y las restricciones.

Los anuncios de la llegada de la vacuna a Chile confirmaban esta disposición a “salir”, al fin, en los meses de vacaciones. Sin embargo, las promesas de eficiencia de “clase mundial” de nuestra oligarquía criolla, como siempre, no lograron ir más allá de un discurso autocomplaciente e imposible de verificar.

La “tormenta” parece volver. Al igual que en 2020, todos estaremos bajo la misma tempestad, pero no en el mismo barco. La desigualdad estructural construida por el modelo económico las últimas décadas y la gestión clasista del gobierno de Piñera hacen que los efectos de la crisis sanitaria y económica se sientan con mucha más fuerza en aquella mayoría que vive de su fuerza de trabajo y no reside en las tres comunas de altos ingresos de la capital.

Por ejemplo, para abordar un avión y veranear en el extranjero no hay restricciones, mientras que para vacacionar en el país se debe solicitar un único permiso. Los controles sanitarios en las comunas de altos ingresos tienen un sentido sanitario, en cambio, en las populares además un evidente componente de control social. Los uniformados pueden ser vistos por TV como empleados de los ricos en las playas de elite, mientras que, en el resto del litoral realizan controles abusivos y humillantes. Los jovencitos del barrio alto pueden romper las restricciones y no sufrir sanción alguna, en los medios se habla de “fiestas privadas” y se protege sus identidades, mientras que, en el resto del país, se estigmatiza y responsabiliza a las personas, acusándolas de realizar “fiestas clandestinas” o mostrando rostros de niñas que se bañan en pequeñas piscinas en sus casas. Se prohíbe o restringe severamente realizar actividades deportivas en parques y plazas, se espera que las personas soliciten permisos para ir a comprar a la feria o incluso al almacén de la esquina, pero, se obliga –en los hechos- a trasladarse en un sistema de transporte público colapsado en la hora punta a estas mismas personas.

Vale decir, la gestión de la crisis ha tenido una impronta clasista, revanchista con el pueblo, muy evidente que humilla e irrita.

Pero no se trata de un asunto coyuntural, este clasismo es obviamente síntoma de un problema estructural. En el peor momento de la crisis en 2020, el Ministro de Salud señaló que no era posible prevenir el contagio en los barrios populares, por sus altos niveles de hacinamiento, que hasta ese momento él desconocía. Sólo él porque los Censos de Población y Vivienda desde 1952 informan el déficit habitacional hasta el más mínimo detalle. No solo quedaba en evidencia, en ese momento, el desprecio del Ministro por la sociedad más acá de Plaza Dignidad, sino también que la ciudad que habíamos construido solo iba a proteger a unos pocos. La infraestructura en vivienda y salud se encuentra absolutamente concentrada en las tres comunas de altos ingresos, en el resto de la capital y país las medidas de protección tienen serios problemas para implementarse porque no calzan con la realidad.

La segunda oleada de contagios nos encuentra nuevamente desprotegidos por la ciudad y el modelo neoliberal, administrado por el ineficiente y cada vez más irrelevante gobierno de Piñera. Como sociedad nos aprestamos a volver a entrar a un callejón sin salida. ¿Qué ocurrirá con nuestros trabajos e ingresos en 2021? ¿Volveremos a retirar un 10% de nuestros fondos previsionales en marzo? ¿Qué sucederá en los hogares si las escuelas y jardines no pueden abrir en marzo? ¿Qué acontecerá, en cambio, si los abren y la pandemia no está controlada? ¿El Estado subirá los impuestos, se endeudará o permitirá que se empeoren las condiciones laborales para no afectar a los empresarios? Se debe recordar, brevemente, que en 2020 los súper ricos aumentaron sus fortunas, es decir, gracias a que millones cayeron en el desempleo y la pobreza, ellos pudieron seguir enriqueciéndose.

Dicho directamente, es esta forma de organizar la política y economía, a la que llamamos neoliberal, la que nos conduce irremediablemente a dicho callejón sin salida. Más neoliberalismo solo va a empeorar las cosas. Porque, además, va a requerir eliminar derechos y libertades públicas e individuales para poder imponer dichas políticas anti-populares. Como pueblo debemos cambiar el rumbo, salir del callejón y dirigirnos en sentido contrario, hacia la democratización económica y política del país.

En concreto, el Estado deberá asegurar un ingreso mínimo familiar en los meses más difíciles de la crisis sanitaria-económica de 2021, los empresarios grandes (Luksic, Matte, Piñera, Angelini…) deberán pagar más impuestos, como lo hemos empezado a hacer los trabajadores de este país, para financiar derechos sociales fundamentales como el alimento, la salud y la vivienda, la autoridad política deberá modificar la estrategia de prevención de contagios enfatizando en el cuidado de los más desprotegidos, y nosotros como pueblo debemos disputar, en la calle y la urna, el poder al gran capital, para comenzar a modificar el sentido de la política. Para ello sería bueno partir por bajar en un grado la intensidad del discurso maximalista y subir en dos la práctica organizativa, reivindicativa y política en el seno del pueblo real.

Editorial Ukamau  
Lunes 18 de Enero 2021 

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