Editorial Ukamau: “Desarrollar en las luchas inmediatas las capacidades para las grandes batallas” Lunes 15 de Febrero

Por estos días, los empresarios nos reiteran -a los partidos, movimientos y pueblos- sus exigencias de “estabilidad institucional” para reactivar la inversión de capital, en otras palabras, nos exigen desmovilización social y renuncia política, democratizadora, con relación al proceso constituyente.

Volvemos a observar que los ciclos de baja en la protesta son acompañados por discursos oportunistas de la elite económica que niegan la existencia misma de la crisis política. No porque no la vean, obviamente, sino porque reconocerla implicaría tener que “compartir sus privilegios”.

La vacunación masiva y la cercanía de marzo (fin de las vacaciones) vuelven a plantear el problema de la otra reactivación, la de la protesta popular. Es en este marco que se ofrece garantías de impunidad a la policía para que imponga por la fuerza la “paz social”. Sin embargo, esto solo da mayor dinamismo y fuerza a la impugnación que hace la sociedad a una institucionalidad gravemente deslegitimada.

Con los hechos de Panguipulli ya vimos que el proceso destituyente, la protesta contra los abusos e injusticias materiales, sigue vigente. Las aguas siguen revueltas, los ánimos no se han calmado. Si bien no se han registrado manifestaciones multitudinarias, sí se pueden ver múltiples manifestaciones locales, sectoriales y reivindicativas.

Aquí es importante llamar la atención sobre los riesgos que implica el impulsar protestas por la fuerza de la inercia o rutina. La movilización social es un medio para alcanzar una meta reivindicativa y/o política, no un fin en sí mismo.

Amplios segmentos del pueblo han participado directamente o han observado de cerca las continuas protestas del último año y medio. Ese aprendizaje no debe perderse en manifestaciones estériles, sin objetivos claros.

Los problemas sociales, como el acceso al agua, la vivienda o condiciones laborales dignas, no solo siguen vigentes, sino que se han agudizado en estos años de crisis. Por ello creemos que es fundamental la lucha reivindicativa que politiza al ser victoriosa en demandas concretas. Una virtuosa articulación de “calle e institucionalidad” han permitido al pueblo conquistas reales en los problemas sociales señalados.

No se trata solo de los 100 litros de agua diarios (en Nogales) o de la reducción en años de los plazos en el proyecto de vivienda La Maestranza 2 (en Estación Central), sino también del aprendizaje político que se produce en quienes protagonizan estas luchas. El Estado subsidiario y el mercado no pueden ni quieren garantizar a las grandes mayorías derechos fundamentales, entonces es importante que el pueblo desarrolle capacidades políticas para esas grandes batallas en estas luchas inmediatas.

Hasta aquí la contienda sigue “empatada”. La oligarquía no ha podido someter al pueblo ni viceversa. El proceso político, por tanto, sigue abierto. No son tiempos para dormirse o distraerse, cotidianamente se abren posibilidades que se deben aprovechar. Por ejemplo, el valor del Cobre ha comenzado a aumentar en el mercado internacional y pronto se reabrirá el debate por un tercer retiro del 10% de los fondos previsionales. En este nuevo escenario, no podemos abandonar a priori la posibilidad de un aumento en el gasto social o una reforma tributaria para tiempos de crisis que permita acrecentar impuestos a las súper fortunas para asegurar derechos elementales como el alimento, la salud y la vivienda a la población.

En definitiva, más allá de los chantajes veraniegos, anti-democráticos y anti-populares de la patronal, el proceso político sigue abierto, la posibilidad de cambios de fondo no se ha cerrado, por ello, creemos, se debe articular la lucha inmediata (de victorias concretas, moralizadoras) con la lucha de mediano (proceso constituyente) y largo plazo (superación del modelo económico).

Editorial Ukamau
Semana del Lunes 15 a Domingo 21 de Febrero

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