Kast ganó por sus méritos y nuestros errores. El candidato electo de la ultra derecha logró conectar con el “espíritu de época”, con el sentir mayoritario de la ciudadanía, relacionado con la rabia y el miedo generados por los temas de seguridad y migración. Su oferta política conectó electoralmente con la racionalidad y emoción de 7 millones de ciudadanos que consideran el orden un asunto de primera prioridad. No se salió de su libreto y estrategia a pesar de parecer absurdo por momentos sus silencios y evasiones sobre otras materias. Lo que a él le tocó lo hizo de forma correcta.
También estuvieron nuestras faltas: déficit en propuestas de seguridad, migración y otras materias relevantes; insuficiente conexión con la sociedad, por ejemplo, entre el comando y los movimientos por vivienda; déficit en materias de gestión y comunicación política desde el gobierno que no se corrigieron en años. En este ámbito, no podemos repetir los errores de la derrota de 2022 y comenzar a culpar a las personas por el resultado electoral, acusándolas de “fachos pobres”, o levantar una identidad de “minoría iluminada” que se siente orgullosa de distinguirse del resto.
La derrota ha sido clara, pero no absoluta. Ha cambiado el gobierno no el régimen político. El gobierno de Kast se encontrará con límites institucionales y sociales. La Contraloría General de la República, el Tribunal Constitucional y el Congreso servirán de límites o frenos institucionales a una posible deriva autoritaria, aunque sabemos que el verdadero freno será la movilización social, la calle. Por esto Kast intentará aislar la protesta de la sociedad. El momento y la legitimidad de la movilización será clave.
La experiencia de 2010 y 2018, Piñera 1 y 2, nos enseña que la derecha intentará instalar con fuerza un gobierno muy restrictivo de derechos y libertades, deslegitimando a la oposición, aislándola de la sociedad. Kast intentará, igual que Piñera, un gobierno pro capital, anti popular con rasgos autoritarios, sin embargo, chocará, un poco antes o un poco después, al igual que su predecesor, con un pueblo cansado de las mentiras y los engaños electorales (crisis de expectativas), dispuesto defender sus derechos y libertades (crisis de gobernabilidad).
Ahora es tiempo de articular la oposición social y política: es tiempo de unidad. La coordinación social debe tener como base la autonomía, la lucha reivindicativa sentida, y la defensa de los derechos sociales y la democracia. La unidad política se debe sostener en un trabajo de base, en terreno, enraizado en el pueblo, orientando y no suplantando, así como en una defensa irrestricta de los derechos y libertades en la institucionalidad.
Desde hoy debemos articular la fuerza social y política de oposición que sea capaz de defender los avances, resistir la ofensiva y constituir una alternativa política para el país.
Lucha y organización para defender nuestros derechos
Unidad social y política para construir alternativa