Editorial Ukamau: “Ni testimonio ni renuncia: Levantar la confianza y capacidad del pueblo en cada batalla” – Lunes 25 de Enero

La acción política testimonial puede tener diversas expresiones, como la electoral o territorial. No son pocas las iniciativas electorales vigentes que no tienen por objetivo ganar o disputar en serio, sino utilizar el escenario político para instalar comunicacionalmente relatos o figuras, maximalistas, la mayor parte de las veces. Este empeño, sin embargo, tendrá como consecuencia práctica la dispersión de votos “por el cambio” o “de oposición”, es decir, favorecer el rendimiento electoral de la derecha. Otra forma de acción testimonial es abandonar la disputa política central en nombre del “territorio” o la “construcción territorial”, lo que antes se llamaba “basismo”. En este caso, la fuerza social organizada no desarrolla una expresión política verificable en la contienda real, por lo que se vuelve estéril.

Por otro lado, fuerzas políticas institucionalizadas, autodenominadas “anti neoliberales”, insinúan cierta renuncia a la disputa presidencial. Tanto el PC como el FA han retrocedido en levantar pre candidaturas, abriendo el espacio a la ex Concertación. Cuando todavía está por verse en las urnas y calles qué sector de la Oposición conduce el proceso político de cambio. Si bien, compartimos el diagnostico que evidencia la debilidad orgánica y programática, es evidente que el escenario sigue abierto, el retroceso de la pandemia y los resultados de abril pueden permitirnos recuperar la iniciativa política con base al retorno masivo del pueblo a las calles y urnas.

La acción testimonial y la renuncia a disputar el próximo gobierno entregan una señal errónea al pueblo. Las victorias son posibles, pero para ello es fundamental querer ganar. Presentar batalla solo cuando es segura la victoria no educa políticamente al pueblo.

Ellos tienen el poder del dinero, las armas, los medios de comunicación, etc., en frente, nosotros tenemos el poder que pueda desarrollar el pueblo en las calles, urnas… El triunfo definitivo se construye de pequeñas victorias. En ellas el pueblo descubre su capacidad, gana confianza, se atreve y aprende a luchar.

Para ilustrar podemos ver el ejemplo de lucha de la comunidad de El Melón (Comuna de Nogales, Región de Valparaíso). La reivindicación por el agua en la calle y la institucionalidad, de la cual hemos sido protagonistas, tuvo una gran victoria recientemente. La Corte Suprema ordenó al municipio asegurar 100 litros de agua diarios a cada persona. De esta forma, el Estado reconoce el derecho social por sobre el de propiedad, y su responsabilidad en su realización. Ahora, se inicia la batalla por la materialización de la medida, y si el agua está concentrada en las manos de la transnacional Anglo American corresponderá la expropiación, por ejemplo.

Tan importante como los 100 litros de agua ha sido el ejemplo para otras comunidades en crisis hídrica de las regiones norte del país. Llay Llay ayer se movilizó, cortando la carretera, para exigir los 100 litros de agua. ¿Por qué? Porque reconocen y valoran ese triunfo parcial. El mismo que menosprecia el maximalismo, que no proyecta el basismo, que no podrá interpretar nacionalmente dicha práctica política de “renuncia”.

Superar la cultura de la derrota en el pueblo y la izquierda requiere de pequeñas, permanentes, ejemplares y moralizantes victorias parciales, en ellas ganaremos la confianza necesaria para elevar nuestras capacidades.

Editorial Ukamau
25 de Enero 2021

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