Editorial Ukamau: “Desnaturalizar la ineficiencia neoliberal y politizar el malestar social” – Lunes 1 de Febrero

Las lluvias del fin de semana han dejado en evidencia la falta de Estado Social y la ineficiencia de las empresas privadas que ofrecen servicio de agua potable y electricidad. Las fuerzas armadas desplegadas supuestamente por el estado de emergencia creado por la pandemia, no han colaborado con los damnificados, manteniendo su acción en el marco del control social, mientras pueblos enteros han quedado aislados por derrumbes y aluviones, cientos de personas han tenido que ser albergadas, millones podrían ver afectado su acceso al agua potable en la capital y decenas de miles sufrieron prolongados cortes del suministro eléctrico en las principales ciudades.

Es evidente que, las enormes ganancias de las empresas privadas se realizan a costa de la precarización del servicio que ofrecen a la población y de las condiciones laborales de sus trabajadores. Por ejemplo, según Fundación SOL, la empresa Aguas Andinas obtiene utilidades cercanas a los 140 mil millones de pesos cada año, es decir, unos 380 millones cada día, sin embargo, no es capaz de garantizar el suministro de agua potable en tiempos de lluvia. La única inversión destinada a prevenir cortes en el servicio (estanques de Pirque) se ha hecho a costa de un alza en la tarifa del 2% por 5 años. La misma situación ocurre con ENEL y el servicio de electricidad.

El Estado chileno garantiza enormes utilidades a las grandes empresas privadas, ofreciéndoles contratos con bajos estándares de exigencias con relación a sus trabajadores y servicios prestados a la comunidad. Esto ha hecho que nos acostumbremos a los cortes de agua y electricidad, hemos naturalizado o asumido como normal esta negativa situación que nos afecta periódicamente. Bastan dos días de lluvia para dejar en evidencia la precariedad del servicio, la ineficiencia de la empresa y fragilidad del sistema. Aquí, se hace necesario recordar que el principal argumento para privatizar el agua potable en Santiago (EMOS), en los años 90, fue la supuesta mayor eficiencia de la empresa privada con relación a la pública.

¿Cómo ha sido esto posible? La nueva elite económica y política, nacida en dictadura y transición, que controla el Estado y la gran empresa privada, desfinanció a las empresas públicas para reducir la calidad de sus servicios, (lo que hacen hoy con Banco Estado y TVN), así creó las condiciones para sus privatizaciones, y luego, se ha beneficiado de las ganancias del negocio desde los directorios de las corporaciones privadas y públicas.

El “oasis” o “milagro” chileno ha generado enormes utilidades a dicha elite a costa del pueblo. ¿Cómo es posible que con dos días de lluvia se inunde el hospital de Melipilla y el de San Bernardo, se incendie el hospital San Borja en Santiago, colapsen caminos y se corte el suministro de agua potable y electricidad? En lugar de reinvertir en infraestructuras necesaria estas empresas simplemente retiran utilidades.

La televisión controlada por esta misma elite de súper millonarios habla de “acción de la naturaleza”, de las lluvias “más intensas de los últimos años”, normalizando esta barbaridad. Esto hace que las personas entiendan este problema social como personal, excepcional o inevitable, pero no como lo que es: una evidente consecuencia del modelo neoliberal.

Punto aparte es la ineficiente gestión que ha hecho el gobierno de Piñera de las emergencias. Días atrás la ONEMI envió por error un mensaje a todo Chile alertando de un posible tsunami, activando evacuaciones masivas en la costa. Ayer, una autoridad llamaba públicamente a hacer un uso moderado del agua, a no juntar, y un par de horas después, otro miembro del gobierno informaba por televisión que santiaguinos debían juntar agua ante inminente corte del suministro.

Aislado y desconectado de otros organismos del Estado, este gobierno aplica medidas sin consultar o informar generado más problemas que soluciones. Los municipios ahora se preguntan ¿cómo harán para vacunar a 120.000 personas al día desde este miércoles? ¿cómo gestionarán las cambiantes normas para los veraneantes en febrero? o ¿cómo resolverán el abastecimiento de agua potable a millones de personas en caso de un corte generalizado en la capital?

Por su parte, para el gran capital esta nueva emergencia genera mayor incertidumbre, en momentos en que le urge retomar el control de la dinámica económica y política del país. Hacen llamados a separar el proceso constituyente de la reactivación, buscando garantías a sus intereses (congelamiento de impuestos a las grandes empresas). Hoy parecen apostar por una vacunación lo más rápida posible para reactivar la economía, asumiendo el retorno de las personas al espacio público, con ello de las protestas y por cierto de la represión. La ecuación perfecta para ellos pareciese ser: vacuna + represión = reactivación. Pero, no es para nada claro que el Estado -que desmantelaron en dictadura y transición- tenga la capacidad de vacunar a los ritmos que esperan, que la economía se reactive en primer semestre de 2021, y que la represión pueda hacer irrelevante en lo político la protesta social y la reivindicación mapuche. Son todos asuntos muy profundos y complejos, y la institucionalidad con la que cuentan tiene serios problemas para enfrentar un par de días de lluvia.

La fragilidad del sistema neoliberal para garantizar seguridad a la población nuevamente ha quedado en evidencia, para transitar a un nuevo modelo económico que ponga en el centro el bien común de la nación y no el lucro del 1% de la población, es necesario dejar de normalizar los males del sistema, para ello, es imperioso politizar el malestar social, transformar a las comunidades (afectadas) de objetivos de la política a sujetos políticos.

Editorial Ukamau
Semana Lunes 1 a Domingo 7 de Febrero

Related Posts