Declaración de Ukamau ante el asesinato de Francisco Martínez en Panguipulli: Transformar la rabia en militancia popular.

Ayer, 5 de febrero de 2021, la historia se repitió. En horas de la tarde, en Panguipulli, un control de identidad rutinario, sin situación de conflicto previa, terminó con el asesinato a balazos por parte de carabineros del joven malabarista Francisco Martínez. La razón aparente sería la negativa de Francisco ante dicho control. Las imágenes de la acción de fuerza desproporcionada, irracional y criminal se han viralizado en las redes sociales. La natural rabia se expresó en la web y la ciudad del sur del país: esta noche fue incendiada la municipalidad y parte de la comisaria de la localidad.

Este hecho es de la mayor gravedad, no solo porque le costó la vida, sin mayor razón, a un joven, sino también porque es parte de una serie de acontecimientos recurrentes. Solo hace tres meses, carabineros abrió fuego contra un grupo de niños del SENAME de Talcahuano bajo pretexto de que estaban haciendo desordenes, dejando a varios heridos. Un mes antes, un carabinero lanzó al lecho del Río Mapocho a otro menor de edad, también por estar realizando “desordenes”. Los muertos por las manifestaciones en contra de estos mismos abusos e injusticias, desde octubre de 2019, se cuentan por decenas y los heridos por miles.

Como si esto no fuera suficiente para socavar la poca legitimidad que le quedaba a la institución armada, luego de los escándalos de corrupción por fraude multimillonario al fisco, ésta ha realizado un uso discriminatorio, clasista, revanchista, incluso, político, de su fuerza. Todavía están frescas las imágenes de represión a las manifestaciones del Apruebo y de protección a las del Rechazo, incluidos los grupos neo nazis, armados. Aun no se borra el recuerdo del 14 de enero, cuando uno de estos nazis chilenos desenfundó un arma de fuego en pleno paseo Ahumada para amedrentar a manifestantes en favor de la libertad de los presos políticos de la revuelta, y la acción de carabineros fue protegerlo y no presentar mayores cargos en su contra, en definitiva, asegurarle su impunidad.

Ningún país democrático puede tener una policía con estas características, no es posible. Permitirlo es, en los hechos, aceptar una acción criminal, sistemática y de facto por parte del Estado, es decir, un uso autoritario del poder (dictadura).

Ciertamente, en la nueva Constitución las instituciones armadas deben ser reformuladas, modificándoles su carácter anti-popular y anti-mapuche, y para eso estamos trabajando, pero, sobre todo, como sociedad no podemos permitir ahora y aquí que estos hechos, que atentan contra nuestras vidas, se normalicen. Las dictaduras no comienzan de un día para otro, sino que son procesos graduales en que la libertad se va perdiendo poco a poco, hasta que llega un día (golpe de Estado) en que es arrebata definitivamente al conjunto de la sociedad.

Francisco Martínez hoy se encontraba realizando su trabajo, informal como lo es para millones en Chile, fue la policía la que lo fue a buscar, hostigar, amenazar y finalmente asesinar. Mañana podría ser cualquiera de nosotros, el o la que se cruce en el camino de esta policía criminal.

No exigiremos la baja ni renuncia de nadie, eso ya lo hicimos y no tiene mayor efecto. Que lo hagan otros. Lo que haremos será militar el doble, dormir menos horas, dejar nuestras zonas de confort, para construir, como parte del pueblo, un país donde las niñas, jóvenes y ancianos puedan vivir sin miedos, en otras palabras, viabilizar una salida democrática y popular a la profunda crisis de la república.

A transformar la rabia en militancia popular

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