Esta semana se conoció el IMACEC de diciembre y con ello las cifras finales de crecimiento económico del gobierno de Boric. Los resultados no son del todo buenos, pero se deben poner en contexto. En diciembre la economía chilena creció 1,7%, en 2025: 2,3% y entre 2022 y 2025: solo 1,9%.
La derecha ha señalado que son cifras excepcionalmente bajas, sin embargo, si se observa las cifras de crecimiento de los dos gobiernos anteriores, Bachelet II (1,8%) y Piñera II (2,4%), se puede ver que, más bien, expresan una tendencia de la última década.
En la región y el resto del mundo las cosas no son muy distintas. En 2025 en América latina las economías crecieron en promedio solo 2,2%, según la CEPAL, y en el mundo la economía creció 3,2% según el FMI, o 2,6% según UNCTAD.
Vale decir, la baja tasa de crecimiento en el actual gobierno debe ser vista como parte de un agotamiento del modelo neoliberal de crecimiento económico a nivel nacional e internacional.
Ahora bien, una cosa es cuánto crece la economía y otra ¿cómo se distribuye? Una economía puede crecer mucho, pero distribuir mal, es decir, la riqueza creada en un año puede aumentar mucho, pero las personas que capturan esa riqueza pueden ser cada vez menos, así pocos se hacen cada vez más ricos, a costa de muchos que cada vez tienen más dificultad para “llegar a fin de mes”. Entonces, no solo nos debe interesar la tasa de crecimiento, también nos debe ocupar la distribución de la riqueza.
Por ejemplo: en 2025, mientras la economía del país crecía a 2,5%, las 450 empresas más grande del país reportaron ganancias por más de 20.000 millones de dólares, lo que significa un crecimiento de sus ganancias del 7% con relación a 2024. Vale decir, mientras la torta crecía poco, la tajada que los ricos le sacaron fue más grande.
Para tener una idea más clara sobre estas cifras se puede considerar que los dueños de los bancos tuvieron ganancias por 6.000 millones de dólares en 2025 y que la reconstrucción de Viña del Mar por los incendios tiene un valor de 1.000 millones de dólares, es decir, las ganancias que tuvieron los bancos el año pasado permitirían reconstruir Viña del Mar 6 veces o, dicho de otra forma, si los bancos pagaran en impuestos 1/6 de dichas ganancias se podría financiar la reconstrucción de Viña del Mar.
Veamos ahora, las cifras de este gobierno en redistribución de la riqueza. Una manera de mejorar la tajada que le toca a las familias trabajadoras es mejorar los salarios, reducir la inflación y reducir la jornada laboral. Aquí las cifras son más alentadoras. El suelo mínimo paso de $350.000 de 2022 a $539.000 de 2026, la inflación bajó de 14,1% en 2022 a 3,4% la en 2025 y la jornada laboral se redujo de 44 horas en 2022 a 42 horas en 2026 para llegar a 40 horas en 2028. El copago cero en salud pública, el pago de pensiones de alimentos pendientes (ley papito corazón), el aumento de las pensiones a jubilados (PGU) y la entrega de viviendas sociales (260.000) también hacen que dicha “tajada” aumente. En la misma idea, pendiente quedaron en este periodo, medidas como la Reforma Tributaria, que podría otorgar más recursos al Estado para sus subsidios y la Negociación Colectiva Ramal, que podría dar mayor poder negociador a los sindicatos, entre otras iniciativas. Vale decir, el gobierno hizo algunos esfuerzos particulares por mejorar la tajada que toca a cada familia trabajadora, sin embargo, la inequidad social, arrastrada por décadas en Chile, es tan marcada, que no existe una percepción clara en el “ciudadano de a pie”, del efecto de estas medidas.
Entonces, si se quiere evaluar los resultados económicos del actual gobierno, no solo se debe tener en consideración el crecimiento, sino también la reducción efectiva de la desigualdad, es decir, los beneficios y derechos sociales que mejoren las condiciones de vida de las familias trabajadoras.
¡No es solo crecimiento, es justicia social!
¡Solo el pueblo ayuda al pueblo!