Estos días se informó que el desempleo ha llegado a 9,4%, es decir, que actualmente hay casi un millón de personas cesantes en el país. Ciertamente esto ha afectado el respaldo al gobierno, en la última encuesta Cadem la desaprobación a éste llegó al 60%, es decir, actualmente 2 de cada 3 chilenos desaprueba la gestión del gobierno de Kast.
La respuesta del gobierno no será proteger el empleo ni a los trabajadores, sino, por el contrario, resguardar los privilegios de los empresarios en el largo plazo: bajándoles los impuestos y abaratándoles la contratación por décadas.
La mega reforma o ley de reconstrucción lo que busca en el fondo es bajar los impuestos a las grandes empresas del 27% al 23% por los próximos 25 años, es decir, durante los próximos 6 gobiernos. Esta menor recaudación afectará por décadas las arcas municipales y fiscales, es decir, empobrecerá los servicios públicos, como salud, educación y vivienda para toda una generación.
Luego de la rebaja de impuestos a los súper ricos, el gobierno buscará imponer otra serie de leyes que permitan crear trabajos en peores condiciones laborales y salariales. Los proyectos de ley buscaran permitir contratos “por horas” y “por temporadas”, y frenar la implementación de la jornada de 40 horas, para los años venideros.
Estas reformas legales buscan reducir de manera permanente el Estado social, es decir, buscan imponer los mismos cambios estructurales o de largo plazo que propuso el segundo proceso constitucional que fue dirigido por el actual partido de gobierno, el partido republicano, y que fue rechazado por un 62% de la ciudadanía.
Los derechos sociales como trabajo, salud, educación y vivienda que quieren ser limitados o eliminados por el actual gobierno, no siempre estuvieron ahí, ni surgieron de la caridad de la elite o de la genialidad de los intelectuales, sino más bien fueron conquistados progresivamente por las luchas de los trabajadores y otros grupos sociales organizados, que, ciertamente fueron apoyados –no suplantados– por partidos e intelectuales, desde, al menos, mediados del siglo XIX. Vale decir, más de un siglo de luchas y conquistas sociales están en juego hoy con las reformas estructurales que quiere imponer el gobierno de Kast.
De esta forma, la batalla que enfrentamos hoy tiene este componente estratégico, este objetivo de largo plazo, que debemos abordar, transformándonos en un dique de contención, en un muro que frene el avance del capital. Para ello se requiere unidad, coordinación y articulación política, por cierto, pero antes y quizás más importante, se requiere defender y proteger nuestros espacios de base social, nuestros comités y movimientos. La unidad política sin pueblo será estéril.
Hemos dicho que son tiempos de repliegue, pero replegarse no es inmovilidad sino crear redes y articulación social que proteja la fuerza social que de sustento a la resistencia.
Ante la ofensiva anti democrática y anti popular
Unidad política y articulación social