Editorial Ukamau: “¡Que la Convención decida!” – Lunes 30 de Noviembre

Hemos dicho que el proceso constituyente debe ser democratizado desde la calle y la institucionalidad, por ello, como movimiento popular, estamos en la disputa social e institucional. En este marco, apoyamos el proyecto de reforma constitucional, levantado por Camila Vallejo y apoyado por otras parlamentarias como Camila Rojas, que modifica el capítulo XV de la Constitución con el objeto de crear un quórum democrático; fortalecer la hoja en blanco; garantizar la participación ciudadana; posibilitar elección de delegados del exterior y creación de régimen de transición.

El pueblo a través de la Convención Constitucional escribirá la nueva Constitución Política de la república, creará un nuevo Estado, y no al revés, es decir, que la institucionalidad limite, revise, interprete o “corrija” la voluntad popular a través de la reglamentación institucional.

Si se deben definir reglas sobre el funcionamiento del órgano constituyente debe ser éste el que las establezca: ¡que la Convención decida!

La base de una república democrática es que el pueblo crea las instituciones, no son éstas las que pueden decirle al pueblo cómo y para qué va a escribir la nueva Carta Magna.

Apoyamos este proyecto de ley porque busca institucionalizar la democratización del proceso constituyente, esto es, abrir las puertas de la república y democracia al pueblo, garantizar la participación ciudadana en el proceso de elaboración de la nueva Constitución.

En nuestras luchas por democratizar el derecho a la vivienda y ciudad hemos conocido cómo la ausencia de definiciones en la Constitución sobre algún asunto fundamental ha permitido que empresarios en busca de lucro fácil y sin regulación destruyan la ciudad con sus torres híper densas (“guetos verticales”), autopistas urbanas (en las comunas populares) o segregación clasista. Una Constitución nacida de una Convención con quorum de 2/3 podría ser mínima y no establecer un nuevo carácter al Estado ni garantizar derechos sociales fundamentales, como la vivienda y la ciudad… el trabajo y la previsión, el agua y el medioambiente, la salud o la educación… los derechos humanos… los derechos de pueblos originarios… de las mujeres, etc. Materias tan relevantes no pueden quedar al arbitrio del gobierno de turno.

Por muy poderosos que sean los poderes facticos, económicos o militares, no pueden poner límites o vetar el ejercicio soberano de la ciudadanía en un proceso constituyente. Es ese justamente el asunto en Chile: La democracia sin ciudadanía, la republica sin pueblo, fue lo que generó el “estallido social” y la crisis política permanente en la que estamos. No es posible salir de ella excluyendo nuevamente al pueblo de las grandes decisiones. El proceso constituyente solo puede ser una cosa en el Chile actual: la oportunidad de democratizar las instituciones políticas y económicas para terminar con los abusos y la injusticia neoliberal. De lo contrario, estaremos pavimentando el camino a la restauración del régimen neoliberal, pero ahora bajo un gobierno autoritario.

Desde la calle y la institución, a democratizar el proceso constituyente

¡Que la Convención decida!

Editorial Ukamau
Semana 30 de Noviembre al Domingo 6 de Diciembre

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